Poco a poco voy dejando atrás el caos y el lodo de Addis
Abeba que se disipan entre las nieblas matutinas. Se me antoja difícil
abandonar la urbe que se extiende en horizontal hasta el infinito y mas allá,
particularidad de las ciudades de pobres y mendigos. Las chabolas se alinean a
pie de carretera como en cualquier urbe africana sembrando de plastico s y
techos de zinc la polvareda que empieza donde acaba el asfalto. Hay miles de almas apostadas en la cuneta sin oficio reconocido y unos pocos me saludan cuando paso apresuradamente con Roberta. La mayoria me espeta ni corta
ni perezosa YU, GIVE ME MOOOOONEY tantas veces hasta quedar sin voz.
Otros gritan alguna cosa en amhárico. Los mas jóvenes me cortan el paso
provocando mi desvío hacia el centro de la carretera para esquivarlos y los
niños sujetan las alforjas para que no pueda avanzar, en una persecución
frenética al son de YU (hombre blanco en amhárico). Aprovecho las cuestas descendentes para huir como alma que lleva el diablo aumentando la velocidad con pedaleo frenético y evitar que aquellos personajes salidos de principios de laEra Cristiana procesen en sus mentes que voy sola y que pueden hacer
conmigo lo que les da la gana. Despues de dos horas consigo salir de Addis y respiro
tranquila porque creo que he dejado atrás las escenas mas trepidantes de la Batalla de las Termopilas, sin saber que lo peor esta por venir.
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