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Bolivia: De Copacabana La Paz en 2 días por la Carretera de la Vida.

Tramo que une Copacabana con el Estrecho de Tiquina

6 de Septiembre: Copacabana - Huarina

Dejamos atrás la ciudad lacustre que duerme en un valle de paz para escalar montañas de nuevo con el corazón desbocado por la altura. Contemplamos a lo lejos Copacabana y recordamos con melancolía la Isla del Sol. Una vez más, le decimos adiós al paraíso y a la vida placentera para empeñarnos en el sufrimiento ocasional y en la incertidumbre incesante. Hace una mañana espléndida. El cielo azul, el sol sonríe. 


El tiempo se detiene en Copacabana, paraíso de los mochileros


El recorrido a Huarina bordeando el Lago Titicaca se traduce en uno de los más placenteros y hermosos de todo mi viaje por los cinco continentes. Las colinas que bordean el brazo de agua nos regalan grandiosas perspectivas del universo lacustre. A la derecha, montañas cobrizas cubiertas por un manto seco donde se ven espontáneamente pequeñas casas con techos de zinc y campesinos labrando la tierra o cuidando el ganado. 


Nos despedimos de uno de los enclaves más idílicos del viaje, Copacabana y su Lago Titicaca
A la izquierda, el agua murmura en las profundidades y se extiende hasta el infinito fundiéndose con el cielo azul. Pequeñas aldeas descienden a lo lejos por laderas para morir en el agua del lago. 


La carretera Copacabana - Tiquina es "un paseo por las nubes"

Subimos durante dos horas con el corazón en puño, trabajando el doble, porque a veces superamos los 4.000 metros y parece que volamos sobre aquellas regiones que rezuman historia, donde nunca antes hemos respirado. Llegamos a los 4.009 metros y nos paramos para contemplar el abismo bajo nosotras y llenar nuestros pulmones del mismo aire que tragaron los incas siglos atrás. 


El Lago Titicaca es dueño de un paisaje sobrecogedor




Comemos pan con chocolate bolivianos que hemos comprado en Copacabana mientras observamos uno de los lagos más misteriosos del planeta. Después, seguimos la marcha con dirección al Estrecho de Tiquina


Además, el cielo azul y el sol sonríe... ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

La carretera en excelentes condiciones, un pequeño arcén, la ausencia de tráfico en esta vía y ahora la cuesta abajo convierten el viaje en un placer apto para cualquier persona que quiera hacerlo en bicicleta.


Una carretera en buenas condiciones, escaso tráfico y un buen arcén une Copacabana con Tiquina

Las primeras casas de Tiquina comienzan a colgar de las montañas al otro lado del lago, cuando pedaleamos cuesta abajo por las colinas que bordean esta parte que une las dos grandes masas de agua que conforman el Lago Titicaca. Paramos en un mirador que descansa sobre la pintoresca localidad del estrecho para contemplar la belleza de la geografía del lugar y tomar unas fotos. Charlamos un rato con unos argentinos que viajan en cuatro por cuatro desde Misiones, Argentina,  para conocer Machu Picchu. 


Estrecho de Tiquina, donde se unen los dos brazos principales de agua del Lago Titicaca

Un padre y sus dos hijos de treinta y tantos. Les contamos que vamos dirección sur para entrar en Chile por el Desierto de Atacama. -¿Pero no van a conocer Iguazú? -Preguntan desconcertados.


Amigos argentinos que viajan a Machu Picchu

En el próximo viaje - respondemos con una sonrisa melancólica - No podemos verlo todo, todo, todo en un viaje de 3 años, amigos... hay que seleccionar los metros cuadrados, sobre todo si vamos en bicicleta. 


Servicio de balsas que cruza a los vehículos por el Estrecho de Tiquina


Cruzamos el Estrecho de Tiquina en balsa. El viaje nos cuesta 5 bolivianos por persona e incluye la bicicleta. Pero no nos dejan pasar en una embarcación turística y debemos hacerlo en una inestable estructura de madera con un autobús que se balancea peligrosamente junto a nosotras sobre unos tablones sueltos que atraviesan los baos de la cuaderna. 

Cuando alcanzamos el centro del lago, la balsa, impulsada por un fueraborda de baja cilindrada, comienza a balancearse a merced de las olas y el autobús se agita peligrosamente sobre nosotras. La tripulación de la balsa consta de tres niños, uno que no debe tener más de diez años y otros dos de unos catorce, uno de ellos es el capitán. Levanto la cabeza y miro al cielo, cierro los ojos y rezo. 


Cruzando el Estrecho de Tiquina y cruzando los dedos...

Ya en tierra firme comemos un sandwich de pollo con escabeche por 5 bolivianos y seguimos nuestro camino con dirección a Huarina. La carretera es cuesta arriba hasta el cruce a Huatajata y continúa teniendo poco tráfico. Pero, cuando llegamos al cruce, el tráfico se hace afluente y la carretera pierde su arcén y buenas condiciones de asfaltado. Aún así, seguimos disfrutando de las hermosas vistas que nos regala el Titicaca. 


Localidad de Tiquina al otro lado del estrecho que la divide

Se nos hace de noche llegando a Huarina y el único hospedaje (a la entreda de Huarina, frente a un pequeño parque. Precio 2.88USD por persona) que encontramos es muy desagradable, pero es lo único que hay y la noche es nuestro peor enemigo. Así que optamos por pernoctar en este lugar en Huarina, que podría ser lo más sucio que haya experimentado desde Etiopía en África. 

Y como la dueña ni siquiera nos cambia las sábanas de la cama, donde ha dormido probablemente toda Bolivia, montamos la tienda de campaña en la habitación y dormimos cómodamente en nuestros sacos aisladas de la mierda.

 Ni nos damos una ducha porque el baño lleva años sin limpieza y, tal como sentencia mi compañera, "probablemente nos ensuciemos más dándonos una ducha entre salpicones de heces y marañas de pelos".


Intentando sobrevivir en un hostal de mala muerte

7 de Septiembre: Huarina - La Paz

Al día siguiente salimos de aquel horrible lugar corriendo, esperando llegar cuanto antes a la capital boliviana. Por el camino observamos algunos charcos de agua aún congelados, señal de que anoche la temperatura cayó a bajo cero. 


Carretera que une Huarina con La Paz

Atrás hemos dejado los paisajes lacustres de ensueño y la tranquilidad de circular por una vía libre de tráfico, para toparnos ahora con un infierno de vehículos, cada vez más presentes, agujeros en la carretera, y páramos secos a ambos lados de la vía en el Altiplano. Lo mejor del viaje son las cumbres nevadas de la Cordillera Real en los Andes bolivianos, a lo lejos, que serpentean sinuosas presumiendo de blanco. La cordillera, al sur del Titicaca, mide unos 125 km de largo y su pico más alto es el Illimani a 6.438 metros sobre el nivel del mar.


Al fondo, las cumbres nevadas de la Cordillera Real nos acompañan hasta la capital

Es trayecto desde Huarina es prácticamente plano, pero el tráfico y los conductores locos de mini buses colectivos no te dejan relajarte ni un momento.  Eso sí, a diferencia de otros lugares, ceden amablemente cuando les hacemos señales con el brazo para que mantengan la distancia de seguridad con nuestras bicicletas. Algunos también se paran para saludarnos y desearnos buen viaje, lo cual dice mucho del pueblo boliviano. 


Sin palabras...

A medida que nos acercamos a La Paz, las obras y desvíos en la carretera se hacen más presentes, lo cual frena nuestro buen ritmo en gradiente plana. Los tramos de tierra se van haciendo más frecuentes y más kilométricos y los baches se hacen constantes. 

A pocos kilómetros de El Alto nos detenemos detrás de una cola vehículos. Avanzamos por el arcén y  cuando llegamos al principio decenas de policías intentan reducir pacíficamente una manifestación que bloquea la vía e impide el paso del tráfico. Algunas banderas de bolivia ondean sobre la muchedumbre, que se aparta resignada, y pronto reanudamos la marcha, eso sí, preocupadas porque nos sabemos qué demonios ocurre. 


Policia boliviana disolviendo una barricada
A medida que nos acercamos a la capital los vehículos policiales se hacen más frecuentes y pronto aquello parece un ejército entre camiones de policías, policías motorizados, escuadrones vigilando las calles, y los parones se hacen más frecuentes, y ahora vemos también humo desde lejos y  gente corriendo. 

Y cuando llegamos al inicio del atasco los manifestantes, vecinos de El Alto,  han colocado barricadas en medio de la vía para bloquearnos el paso y la policía les ordena despejar el camino y ellos obedecen, cabizbajos algunos y sonrientes otros. Y esto ocurre otras tres veces más hasta que conseguimos por fin llegar a las fauces de La Paz. 


Barricada disuelta y paso de vehículos bajo la vigilancia policial

La carretera de entrada a la gran urbe también está en obras y el acceso es off road y cuesta arriba. Me duelen hasta las pestañas y, la piel de la cara, brazos y rodillas se me cae a tiras, porque en el Altiplano te cocinas a fuego lento.

Los baches, el tráfico incesante, la protesta vecinal, el polvo en la garganta, no cesan hasta que llegamos a las inmediaciones del Aeropuerto Internacional, en el Alto, cuando el sol hace ademán de despedirse. El Alto forma parte del área metropolitana de La Paz.


Entrando en El Alto, la periferia de La Paz


La
Entrando en  La Paz e intentando sobrevivir a la carretera... se acabó "la paz" en  La Paz :(


Aventura Patrocinada por el Café del Mundo de Tijuana, BCS, México
Fotos Marika Latsone
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