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13 de Octubre. Oktober Festival. YANGON. BURMA.

Cuando llego al lujoso apartamento de Lake Residence me encuentro un papel firmado por Ina:
"Bienvenida. Sientete como en tu casa. Seguramente tendrás hambre y querrás hacerte un café (que aguda, pienso).
Sirvete tu misma. Tu habitación es la primera a la izquierda. En breve llegara la ama de casa para hacer su trabajo y también pasara a lo largo de la mañana el servicio de limpieza.  Yo regresare de la oficina sobre las 5.30pm. Saludos"
Dejo el folio de color verde sobre la mesa de madera barnizada que corona el amplio salón con una vista impresionante al lago Inya Lake. Dentro de los muros de la propiedad una cancha de tenis y una solemne piscina complementan el estival espectáculo. Pero donde he venido a parar? Me pregunto complacida. Después de arrastrar la gran caja de frigorífico donde ha viajado Roberta (no pude conseguir otra cosa en Nepal) hacia la habitación del fondo e instalarme del todo saboreo un café con la mirada perdida en el paraíso tropical que se extiende allá abajo, sintiendo con delirio el aire acondicionado enfriando mi cuerpo templado y sudoroso. Estoy exhausta pero al mismo tiempo no quiero irme a descansar y perderme este deleite de los sentidos.
Suena el timbre y entra el ama de llaves, que se  hace llamar Chow - Chow, una autentica mujer burmanesa con la cara pintada. Es la primera que conozco de cerca. Su aspecto intimida de entrada pero su sonrisa perenne y  mirada humilde me transmiten confianza.  Me pregunta si quiero otro cafe señalándome las botas. Es verdad! Había olvidado quitarme las botas en la entrada,  una costumbre que he intentado adoptar desde la India y hoy he olvidado con el cansancio. Llaman por teléfono y atiende Chow-Chow. Cuelga y me dice que en recepción quieren una copia de mi pasaporte. Observo el parque limpio y brillante y reparo en la decoración minimalista de tonos blancos y mobiliario de madera. Todo esta muy ordenado e impoluto. Hace mucho tiempo que no me encuentro un hogar así. Las viviendas dicen mucho de las personas. Después de pasar por tantos hogares, he aprendido a analizar psicológicamente a sus propietarios atendiendo a su orden y disposición de las cosas y, aunque ME PUEDO EQUIVOCAR , el proceso me resulta entretenido.
Hay pocas cosas a la vista y lo poco que forma parte del "decorado" casi siempre tiene una función. Los objetos decorativos son escasos pero bien situados y enormes y, en ocasiones, se repiten en series, como cinco cuadros con el mismo diseño Art-Nouveau, indicativo de una personalidad obsesiva.  En el cuarto de baño también hay un póster Art-Deco. No hay fotos de Ina ni de sus amistades, solamente de sus padres. Tampoco tiene facebook ni ha incluido su imagen en WarmShowers. La he buscado en Google pero no registra información sobre ella. No se como es, ni la edad  que tiene. Pero puedo deducir por su apartamento que es una persona extremadamente calculadora y metódica, muy exigente, obsesionada ligeramente con la limpieza y solitaria. La estantería, que alberga unos pocos bestsellers, exhala superficialidad, raso amor por la lectura y un paupérrimo mundo interior.
El gusto por el Art Deco arroja luz a cierta inclinación por la estética clásica, tanto personal como exterior, y por vestir bien y estar sexy,  y el frigorífico repleto de cosméticos faciales se traduce en tres cosas:  Ina es definitivamente guapa, le gusta estarlo,  y debe rozar los cuarenta.  En el mismo frigorífico unas simbólicas verduras, huevos y legumbres indican que a mi benefactora no le gustan mucho las artes culinarias y que,  también se cuida por dentro. El desamor por la cocina lo sentencia una estancia impersonal y exenta de materias primas. Tampoco hay mascotas ni peluches, lo que para mi indica sobriedad extrema en el alma..
Mi cabeza hierve de tanto pensar y me voy a dormir unas horas. Sueño que me voy de copas con los oficiales de inmigración del Aeropuerto de Yangon.
Me despierta el sonido de la puerta de entrada. Me levanto de la cama de un salto. Siento pinchazos de dolor en la espalda. En el salon hay una mujer rubia tremendamente atractiva, de unos cuarenta anos, vestida con ropa deportiva, respirando profusamente y sudando a chorros.  Me acerco desde la penumbra y pronuncio - Hello, nice to meet you. - La individua da un brinco de sorpresa. - I thought you were sleeping, oh my God!. - Nos reímos. Sus maneras rígidas y tímidas me parecen muy alemanas. Es muy educada y se esfuerza en hacerme sentir bien. Charlamos media hora y me vuelvo a la habitación para que termine de aterrizar. Me intimida mucho Ina, y no se por que. Cuando regreso al salón, Ina esta en la terraza fumando, así que me tumbo en un también rígido banco de madera, que completa el juego de  mesa del comedor, para descansar mi  dolorida espalda. Aun me siento agotada y no tengo ganas de hablar con nadie, pero hago un esfuerzo por entablar conversación con aquella misteriosa mujer por educación. A medida que avanza la charla, me doy cuenta de que no conectamos nada. Su sentido del humor y el mio no tienen nada que ver, y siento un hilo de desconcierto e inquietud cuando me comunico con ella. Es la primera vez en siete meses que no me siento cómoda con alguien, y no se por que. Extrañamente, me siento también atraída físicamente por ella. No entiendo lo que me ocurre e intento analizarlo, pero al mismo tiempo, estoy tan cansada, que mis ideas se llenan de bruma espesa. Me dejo llevar por el buen vino en copa de balón, contemplando las luces que se difuminan en el lago.

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