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Arizona

17 Marzo – Cuesta arriba por Kaibab National Forest



De Seligman a Gran Canyon Junction hay 150 kilometros y gran parte del trayecto es cuesta arriba. Tras 70 kms y a los 1767 metros de altura decido que ya no puedo mas, y busco una salida de la autopista N40 para penetrar el bosque Kaibab National Forest, sin vallas y sin conductores que me vean perderme en el espesor sola. 

Me salgo de la carretera de tierra para empujar a Susan entre los arboles. No me alejo mucho del sendero de tierra. De repente, algo se mueve entre los pinos. Es un bebe alce que corre como alma que lleva el diablo cuando me ve. Que lindo.


Busco un buen emplazamiento, entre tres pinos bajos, y monto ahi el campamento al tiempo que amarro a Susan a uno de los arboles por seguridad. El sol ha comenzado su descenso natural y ha refrescado, pero no tanto como en el desierto a esa hora. El paisaje es de nuevo sobrecogerdor. El suelo es arido y blanquecino y los pinos son pequenos, no se si por su especie o por la escasa altura para su conveniente desarrollo.

No me siento muy cansada fisicamente, pero si psicologicamente, ya que he pedaleado la mayor parte del trayecto por la autopista N40. He elegido esta vez el peligro al ser la ruta mucho mas corta que la historica 66, que me llevaria otros dos dias llegar al mismo destino.

Me entretengo grabando el video Tip of the Day de mi nuevo canal Youtube en ingles: Solo Female Cyclists, “Camping Outdoor I – make sure nobody see you”. 


El momento es idoneo para el rodaje con mi pequena Gopro. Hago enfasis en la necesidad de esconderte y asegurarte de que nadie te ve para dormir mas tranquila, aunque, por supuesto, nunca hay garantias. No obstante, en un pais como USA, sobre todo en la zona donde me encuentro, existen muchas probabilidades de que nadie te vea porque NO HAY NI DIOS. 



Lo cual no sucede nunca en los paises del Tercer Mundo que he pedaleado, donde, cuando menos te lo esperas, sale un nino oculto detras de un arbol.







Cocino algo con mi hornillo de petroleo, adquirido en Bangkok, que he colocado a una distancia prudencial, a pocos centimetros de la entrada de la tienda, cercado con piedras para evitar los ocasionales ligeros envites del viento, pero, especialmente, por seguridad. Antes he limpiado de hojas secas el suelo hasta que solo ha quedado la arena blanquecina. Abro un paquete de arroz “Mexican Style” que he comprado en Los Angeles y observo en silencio como el grano mezclado con una sustancia en polvo rosada desciende hasta el diminuto caldero para caer en el agua en ebullicion. En cinco minutos la comida esta servida. Como con la misma ansiedad de un bipedo carnivoro devorando a su presa. Esta de vicio.

 Antes de ponerse el sol estoy encerrada en la tienda intentando leer algo en mi tablet de 7 pulgadas, pero los ojos se me cierran inevitablemente. Duermo toda la noche, sin sobresaltos y a pierna suelta. Por la manana contemplo el amanecer desde la tienda, al tiempo que preparo cafe en la improvisada cocina de piedras.


El combustible no es el adecuado para el hornillo por lo que me cuesta provocar la llama y tengo que bombear mas aire de lo normal para crear gas. Un suplicio a esas horas de la manana, pero es que en USA no me han querido vender gasolina en la gasolinera cuando les he llevado mi recipiente naranja, que especifica por fuera FUEL BOTTLE, porque “no es ROJO”, tal como contempla la normativa norteamericana, especialmente disenada para tocar los cojones.

Asi que he tenido que comprar lo unico que he encontrado, combustible del malo malisimo para encender barbacoas. Con lo cual, cada vez que quiero encender el hornillo, la llama llega hasta las copas de los arboles, mas o menos, y el riesgo de provocar un incendio en medio del bosque es el 99,9 % . Aun asi, tomo todas las precauciones posibles construyendo cada vez que acampo una pared de piedra alrededor del artilugio y limpiando los alrededores de hojas secas, pero nunca se sabe...

Entre sorbos de cafe garabateo en mi libreta de notas lo que podria ser mi primer invento para sobrevivir en la naturaleza: una alarma para Coyotes y otros animales salvajes. Para ello utilizare mi bocina electronica de la bici, una pinza para la ropa e hilo de nylon. En ello estoy.

No quiero irme de este fantastico lugar donde hay una paz deliciosa. Los rayos solares comienzan a calentar la tienda de campana y es senal suficiente para ponerme manos a la obra y recoger el campamento. No tengo prisa, aunque aun me quedan unos 70 kms cuesta arriba hasta Williams, en la Grand Canyon Junction. Quiero ir despacio y saborear el privilegio de estar en aquel lugar.



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