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26 de Agosto. En la Puta Gloria... El Salvador.


Fotografias: Marika Latsone

En este pueblo fronterizo con nombre de narcotrafiante, Cara Sucia, tengo la sensacion de encontrarme en un gran pais. Desde Mexico, no habia tenido tan buenas vibraciones sobre un lugar y su gente. En realidad, mi vida se habia vuelto ligeramente aspera en Guatemala. Tanto que temblaba ante la idea de encontrarme sola entre la gente de mis suenos. Caras sonrientes de nuevo, amabilidad y algo fundamental para ser feliz: comida servida por doquier, en un marco incomparable. Creo que El Salvador es mi pais y ademas, me siento segura, a pesar de su mala prensa. 


Perdemos altura desde la frontera y la selva se vuelve alta y espesa, evocandome algunos paisajes idilicos de Zanzibar, Tanzania, donde pedalee el ano pasado. Amplios arcenes invadidos por decenas de bicicletas pedaleadas por ninos y adultos, pero sobre todo por ninos uniformados, limpios y repeinados, como recien salidos de una pelicula norteamericana de los sesenta.


 Me dentego para cambiar la musica del movil que escucho constanemente con mis auriculares y elijo la banda sonora de la pelicula The Boat That Rocked - que me arranco mas de una carcajada hace dias - . Permito que The Beach Boys amenicen parte de un camino bucolico y leve con su Wouldn't it be Nice. Luego The Tremeloes insisten en recordarme lo que ya se: "Silence is Golden".



Es precisamente lo que hago cuando veo el mar por primera vez desde el horripilante Coatzacoalcos en el Golfo de Mexico. "Silence" para oir su rumor sobre las piedras. Ahora es el Pacifico y es hermoso. Contemplo en silencio su infinidad desde una colina cercana a Mizata. Respiro profundamente el aire humedo que huele a marisco y sal, permitiendome unas lagrimas de alegria. He aparcado a Susan Sarandon sobre un risco bajo el cual las olas se deshacen. Quiero dejarme resbalar por la roca y caer sobre las calidas aguas del Pacifico para que me atrape y me lleve con el.

 Los que nacimos en el oceano y nos criamos entre arena y sal tenemos el alma de mar. Sentimos y amamos con la pasion de la espuma de las olas y ansiamos la tranquilidad de las mares echadas previas a los temporales. Somo felices cuando la corriente nos arrastra mar adentro y dichosos dejando que nuestros cuerpos floten ingravidos en el fondo del gran azul, contemplando los cardumenes de barracudas o lisas bailando a nuestro alrededor valses acompasados.


En Mizata descansamos en un desvencijado y barato hostal para surferos, bajo la sombra de la selva y la amenaza constante de los mosquitos. Pese a lo descuidado del lugar, el entorno es privilegiado y nos abandonamos al placer del balanceo en las hamacas que cuelgan en el porche, y al irremediable pitido

de las chicharras en los oidos.





Ignoraba por completo la geografia de este pais. El trayecto ha sido facilisimo, predominando ligeros descensos. Cerca de la costa hemos disfrutado de la brisa marina, que ha refrijerado el humedo y calurosisimo ambiente y nos ha devuelto la sonrisa. Me siento feliz en esta selva junto a la playa; mi habitat natural, lo mas parecido a mi Canarias querida desde hace meses.  

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