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Jueves 1 de Octubre. El regreso. NICARAGUA.

Doce horas para hacer un viaje en barca de unas pocas millas. El jueves 1 de Octubre Marika Latsone y una servidora decidimos poner punto y final a una prolongada estancia en la Isla de Meanguera del Golfo debido a asuntos laborales. 





El mejor enclave del mundo para detenerse en el espacio y tiempo y otorgarse a uno mismo un tiempo de reflexion. 


Una isla servida en una jungla plagada de mosquitos y gegenes, con escasa poblacion, banada por las tranquilas aguas del Golfo de Fonseca, deja mucho tiempo para pensar, entre pescas de barracuda, macarela o pez aguja al currican en el kayak, amaneceres idilicos, tenebrosas tormentas electricas que quitan la respiracion, el trabajo con el portatil en internet y el trabajo eventual en la cocina de un hotel para pagar la renta. 



Volvemos a la carretera motivadas y repletas de ilusion. Es la ventaja de darse un tiempo, pararse en el camino de la vida y dejar atrás el dia a dia, lo cotidiano. Es cuando uno se da cuenta del valor de las cosas, cuando no las tiene, cuando las pierde provisionalmente.









Dejamos la tranquilidad de la paradisiaca Meanguera del Golfo el jueves a las cinco de la manana para embarcarnos en una barquilla rumbo a la Union, en el Salvador. Alli hacemos el check-out de El Salvador despues de esperar cuatro horas en la puerta de la oficina de Inmigracion a que apareciera el funcionario y volvemos a embarcarnos en una barquilla cargada hasta los topes de enseres y gente y a punto de hundirse para tardar unas cinco horas en llegar a Potosi en Nicaragua, hasta las narices del viaje entre pescado, barriles de gasolina, bolsas de comida, hombres mujeres y ninos cubriendose la cara para protegerse de los escupitajos de espuma de mar debido al viento y a las olas, largas esperas e incomodo asientos a bordo. 

Pero que carajo! Ya estamos en Nicaragua de una maldita vez. La barquilla aterriza en la arena de la playa porque Potosi no es lo que esperabamos y no tiene ni un misero embarcadero para recibirnos. 

Desde la patera cargamos las bicis y las alforjas hasta la arena para media hora despues hacer el check-in en el nuevo pais en una oficina de inmigracion a pie de playa con funcionarios avispados que nunca tienen cambio para devolver a los turistas. 


Pagamos los doce dolares cada una por el sello en el pasaporte mas el dólar de regalo por los santos cojones de los funcionarios desterrados en aquella especie de mision en medio de la selva y nos envian al edificio contiguo donde se asienta la Aduana para dar cuenta de nuestras bicicletas y enseres rellenando unos formularios. Madre mia, una hora para entrar en un pais minusculo del que nadie se acuerda rellenando mas papeles que el pobre diablo de color no blanco que intenta entrar a Estados Unidos de America a traves de un aeropuerto.  

El fucionario de turno dice que va a revisar nuestras alforjas y las acaricia por fuera como quien le toca el vientre a una embarazada, esperando recibir alguna senal telepatica del misterioso contenido, y despues de la pelicula que acaba de protagonizar nos dice que podemos marcharnos que todo esta correcto y que buen viaje... 

Y cuando creemos que ya somos libres para pedalear a gusto, un grupo de militares en casacas azules nos cierran el paso cien metros mas adelante para preguntarnos … A donde vamos ???? Como si se pudiera ir a otro maldito lado en aquella jungla junto a Potosi … y a mi me entra la risa y al parecer es contagiosa porque a ellos tambien y al final todos nos reimos. Que donde nos alojamos y que quieren visitarnos esta noche y erre que erre del capitan, y yo que no, que tenemos que acostarnos prontito para salir a primera hora porque el calor en Centroamerica es anti-ciclista y ellos que no, que les vamos a visitar, hasta que yo ya me pongo seria por el cansancio y ellos me captan y nos dejan ir regalandonos una banderita Nicaaraguense para que le haga compania a las otras 18 que he pegado en las alforjas.

Dormimos en la granja de Dona Rosalina Rivas, entrando en la aldea, a la derecha, entre gallinas, cerdos, perros y gente amabilisima. Por 5 dolares cada una. Y por otro dólar cincuenta Rosalina nos prepara unos deliciosos huevos rancheros con frijoles y queso criollo que nos dejan en estado de coma hasta el dia siguiente. No se puede acabar un terrible dia mejor!

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