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Araucanía

La Ruta 5 Hace Mella en Nuestra Amistad.


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Nos vamos de Los Ángeles, la capital y la ciudad más poblada de la provincia de Biobío. Allí hemos descansado un par de días alejadas de la jarana de la Ruta 5. Ausentes temporalmente del ruido ensordecedor, el caos, la angustia y la ansiedad que provoca el tráfico infernal.  Los Ángeles es una ciudad tranquila de clima benigno y de gente amable. También es una de las ciudades más caras y su oferta alojativa es escasa y cotosa. 

Otra vez pedaleamos rumbo al Sur. A 514 km al sur de Santiago apreciamos un descenso notable en el  flujo del tráfico, aunque éste sigue siendo abundante y molesto, merced al excesivo tránsito de camiones. El paisaje también cambia y la vegetación es cada vez más exhuberante y copiosa, el cielo más azul y el sol más intenso, bajo cuyos rayos la tierra brilla y los colores se saturan. Bosques de pinos y álamos pasan a los lados como diapositivas y su presencia es cada vez mayor.

 Atrás hemos dejado el paisaje mediterráneo para adentrarnos en un mundo de frondosa vegetación, ríos, lluvias repentinas, nieblas matinales, calor durante el día y frío que pela durante la noche y la mañana. Aunque en la bicicleta el cambio ha sido gradual, no deja de ser inesperado, porque aquí el clima varía de una región a otra como si alguien apretara un botón cada vez que atravesamos la línea imaginaria que las separa. 



Acampamos en un camping a pie de carretera, a orillas del río Renaico. Montamos el campamento junto al puente sobre el río y por la noche no duermo bien debido al alboroto del tráfico. Me siento muy abatida y creo que es del bullicio constante que soportamos de día y de noche. Por la noche me despierto varias veces y me vuelvo a dormir soñando con aeroplanos despegando y aterrizando a mi lado. Por la mañana contemplo el brillo del sol en las cristalinas aguas del río en el resplandor del alba. El destello de los rayos solares baila al compás de las ondas hechizando mi mirada.  El ruido del agua que corre cautiva mis sentidos. Desayunamos y partimos con las primeras auras del amanececer. 




Pasamos a la IX Región de La Araucanía, una de las 15 regiones de Chile, cuya capital es Temuco. Se nos ha pasado la Región del Biobío demasiado rápido, casi no nos hemos enterado. Es increíble cómo pasa el tiempo, como pasan los kilómetros... Desde la III Región, Antofagasta, hasta la actual, la Novena, hemos recorrido 2.041kms, sin contar el paso desde Bolivia por Ollague hasta Antofagasta (413 km(. En total ya son 2.454km en Chile!! Qué rápido se me pasa la vida sobre la bicicleta...






La Ruta 5 va haciendo mella en nuestro ánimo y Marika y yo discutimos cada vez con más frecuencia. Las dos odiamos esta carretera y deseamos estar cuando antes en Puerto Montt para comenzar la expedición por la Carretera Austral y llegar a la Patagonia. El peligro nos mantiene en vilo todos los días y el abatimiento y la congoja crecen en nuestros corazones. 




Acampamos en otro camping por menos de cuatro dólares por persona, a orillas del río Quino. El lugar es una propiedad inmensa atravesada por las aguas cristalinas bajo una cúpula de frondosa vegetación. Montamos el campamento muy cerca del agua, debajo de un bosque tan tupido que para ver la luz del día debemos caminar varios metros. El sonido del agua corriendo es una inyección zen de tranquilidad. A lo lejos se oye la baraúnda de la Ch-5 como una lejana música de fondo. Afortunadamente estamos lo suficientemente lejos de la pista como para tranquilizar nuestro ánimo con el golpear del agua sobre el cauce del río. Terminamos el día cocinando paella y guardamos comida para el desayuno.





Por la mañana amanecemos muy temprano para aprovechar la ausencia de viento de cara hasta  el mediodía. Es la única forma de avanzar algunos kilómetros en esta carretera. Marika no aguanta demasiado este ritmo madrugador y está como siempre de mal humor, por lo que desde hace varios días tengo que hacer frente además de a esta maldita carretera, a un horario militar, a vivir con lo mínimo, al agotamiento físico y mental, a la cara de poker de Marika durante todo el día... La arteria principal de Chile está poniendo en juego nuestra amistad. 

Desayunamos aún de noche, sacando las manitas de los bolsillos sólo para coger la cuchara y apurar el tibio arroz español. El frío me impide recoger el campamento con rapidez porque se me congelan los dedos. Tengo que conseguirme unos guantes impermeables o se me caerán los dedos como dátiles de una palmera en la Patagonia. 

El día vuelve a destrozarnos emocionalmente y Marika y yo decidimos separarnos de nuevo. Ella no puede más con esta carretera y yo ya no puedo más con ella. Decidimos darnos un respiro y encontrarnos de nuevo en la antesala de la carretera Austral. La letona quiere llegar a Puerto Montt por Argentina y evitar el resto de la CH.5. Yo opto por seguir en este infierno y completar el resto de la vía en pocos día con tal de no subir más montañas (la Cordillera de Los Andes separa Chile de Argentina). Así que cada una traza el plan que más se ajusta a sus facultades mentales y físicas y TODOS FELICES Y CONTENTOS. Esperemos...

Pero hasta el desvío a Argentina aún nos quedan varios días juntas...

El 11 de enero pasamos la noche en casa de los Contreras, en Temuco. Hugo Contreras en un montañero amigo de Rodrigo Parra que nos abre las puertas de su casa para que acampemos en su jardín. Pasamos una divertidísima noche charlando de nuestras respectivas aventuras, pues él como escalador y experto en alta montaña tampoco se queda corto. El ameno encuentro con él y su familia es un soplo de aire fresco para Marika y para mí. 





Al día siguiente tardamos en abandonar la casa de los Contreras. Ahora que Marika se va para Argentina ya no tenemos tanta prisa por llegar a Puerto Montt y estamos más relajadas. Tanto que hacemos sólo veinte kilómetros y con la excusa de que llueve ligeramente decidios acampar junto al Río Quepe. Hoy ambas hemos estado en silencio y a penas hemos hablado. Siento una amargura en mi pecho ante nuestra nueva e inminiente despedida. Supongo que ella también. Pronto deberemos decirnos de nuevo adiós por el bien de nuestra amistad. 




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