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9 Agosto - PRIMER CONTACTO

Mi primer contacto con familias hindúes ocurre en Nalasopara, una cercana  población 60 kms al noroeste de Bandra, Mumbai (donde vive mi amigo y paso un noche), localizada en medio de la jungla. Cuando abandono el autopista hacia el oeste la carretera se hace cada vez mas angosta y la vegetación es de un verde tan saturado que parece manipulado en editores de fotografía. Al haber menos espacio para vehículos tengo que concentrarme mas en la carretera, pero al mismo tiempo el pedaleo se convierte en un placer y no en una necesidad. No me cuesta mucho dar con la casa de mi primera benefactora en India a propuesta de Kunal, Dahana. Lo primero que me llama la atencion es la arquitectura de la casa, de estilo colonial. Me resulta familiar. Además, las viviendas de la calle estén separadas y cada una contiene varios pisos y una gran superficie.  Hasta ahora la planificación urbanística brillaba por su ausencia a las afueras de Bombay y las viviendas de pobres apostadas en la cuneta carecían de cualquier estilo. La casa familiar de Dahana  esta rodeada de una exuberante vegetación de cocoteros, plataneras a destajo, impertinentes bambúes y palmas de areca conviven con huertos familiares y un penetrante olor a tierra mojada y a mango que lo invade todo.
Dahana me recibe con estupor porque no esperaba que localizara la casa en medio de la jungla con tanta celeridad. "Es la costumbre" asevero. Sus grandes ojos negros brillan con la intensa luz que siempre lo llena todo en este país y una mata de pelo azabache recogida en una  coleta adornan su expresión luso hindu. Me dice que se apellida Gonsalves, como casi todos los habitantes de su barrio, y que la villa fue parte de las colonias portuguesas de la  Provincia del Norte.  Pese a sus pretensiones exteriores, el interior de la vivienda es muy humilde y los unicos elementos decorativos que adornan las paredes son un crucifijo,  la fotos del Papa Juan Pablo I, Jesucristo y la Virgen Maria y un rosario. Sin querer suelto una carcajada porque me hace gracia haber llegado tan lejos y sentirme como en Portugal cuando era niña.
Los suegros de  Dahana me reciben con entusiasmo y me ayudan a cargar mis pesadas alforjas en el interior de la sala oscura. Los dos hijos pequeños de Dahana no abandonan su puesto junto a Roberta,  que  escanean con sus miradas para no perder detalle. En cuestión de minutos un grupo de curiosos vecinos se agolpa en la puerta del patio ávido de información. Dahana me da la mano y tira de mi al tiempo que me pide que salga al patio para que sus vecinos me conozcan. Estoy cansada y el dolor de muela se me hace insoportable, pero con todo aguanto el tirón y dejo que la profesora de primaria me pasee por toda la calle pregonando que es anfitriona de la primera mujer europea que visita el barrio desde que los indios echaron a patadas a los portugueses. Sin proponérmelo, he hecho historia en la india portuguesa, siendo mitad lusa, mitad española. Cosas de la vida.
Por la noche tengo que dormir en una extensa cama con los  dos niños y la madre,  mientras que el padre se aloja en el sillón de la sala de estar. No me permiten dormir de otra forma porque para un invitado dicha costumbre es un honor. Por supuesto no pego ojo en toda la noche y por la mañana me levanto reventada,  puesto que tampoco había dormido muchas horas en casa de Kunal. Dahana insiste cinco veces en que pase otra noche con ellos, pero declino su oferta por razones logísticas, obviamente, y por mi atraso de casi una semana. La joven descendiente de intrépidos aventurero portugueses me despide con lágrimas en los ojos al son de "I will love you for ever"... y yo me quedo de piedra....

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