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21 Agosto. EN EL CIELO.

Las ganas de llegar a Bhilwara y meterme debajo de una ducha de agua helada me pueden y por momentos olvido el horror del dolor agudo en las lumbaares y mi contienda esteril contra el calor. El Ibuprofeno  ya no me hace efecto y lo unico que me mantiene en la bici es la visualizacion del dia que Roberta y yo conquistemos Agra y Taj Mahal. Hasta ese heroico momento, toca aguantar estoicamente el sufrimiento corporal. 
La carretera a Bhilwara es comoda y poco transitada. Me alegro de perder de vista millones camiones, sus claxones indiscriminados y el fragor de aceites de sus motores. El monzon ha sembrado de lagunas el desierto Thar y el paisaje es espectacular. Mis contactos en mi proximo destino me llaman por sexta vez en todo el dia para pedirme la localizacion, pero no tengo ni la mas remota idea de donde estoy porque Google Maps es directamente proporcional a lo mal que va internet en este pais de perpetuo carnaval. 

A unos 20 kilometros de la "meta" unos tipos en moto, parados en un estrechamiento de la via sobre un puente, me hacen senales para que me detenga. Normalmene hago caso omiso de estas sospechosas proposiciones en el sur de Asia, pero me da la sensacion de que los dos jovenes tienen algo que ver con Manoj y el Rotary International, y me detengo. En tono impersonal uno de ellos espeta,  "Wellcome to Bhilwara" , mientras me extiende una botella de zumo de mango tan helada que se me antoja la escena, a 43 grados al sol, en medio del Desierto Thar, surrealista.

Hace una hora que se me acabo el agua y bebo aquel delirio naranja y viscoso con tanta rapidez que los motoristas se dirigen complices miradas. "Hay mucha gente esperando por usted, Madame", me informa el conductor, que se hace llamar Deepak Saraf. Si esta muy cansada, uno de nosotros puede llevar la bici y usted monta en moto. A punto de sucumbir en una tentacion que podria decirse biblica,  en medio del segundo desierto mas grande del mundo, le respondo que no, que "ya que he llegado aqui milagrosamente viva, entrare con mi bici en la meta aunque tenga que perderla". La verdad es que a veces no se que pensar de mi misma y, sincerametne, hay ocasiones en que me dan ganas de autolesionarme con un garrote cubierto de tachas, por idiota.  Por que sere tan fantasma, Dios bendito?  Con lo bien que estaria ahora mismo de paquete en una motocicleta disfrutando de un paisaje marciano a golpe de bocanadas de aire sobre mis ardientes sesos.

Los veinte kilometros se me hacen eternos; no obstante, una fuerza sobrenatural se apodera de mi, y mis piernas aumentan las revoluciones por minuto un cien por cien. Los mozos me escoltan hasta el pueblo,  donde algunos curiosos y un nutrido grupo de periodistas me esperan encanonandome con sus camaras fotograficas.  El incansable hombre del telefono, Manoj Agrawal, me da la bienvenida en nombre del pueblo y del Rotary Club, apartando a la gente a manotazos. La adenalina se me dispara y ya no estoy cansada ni me golpea la cabeza el tedioso sol del desierto. Los nervios se apoderan de mi porque no se exactamente que esta ocurriendo. Ante el tumulto y la expetacion otros viandantes se unen al momento y en pocos minutos me veo rodeada de decenas de personas haciendome preguntas, aplaudiendo, tocando la bici... Manoj hace lo que puede para poner orden en el pequeno caos que se acaba de generar en una pequena ciudad de la India. 

 Con un asombroso poder de conviccion, aquel hombre bajito y pesado, con la piel ahumada y la sonrisa paternal perenne,  separa a los profesionales de la informacion de los curiosos,  y me insta para que de una breve rueda de prensa en medio de la parranda callejera. Aun subida en la bici, les cuento que viajo por el mundo para concienciar a las sociedades y gobiernos sobre la necesidad de luchar por la igualdad de genero, facilitar el acceso a la educacion de todas las mujeres del planeta y trabajar juntos contra la violencia domestica. Que mi reto en bicicleta de dos anos por mas de 30 paises no es solo un reto deportivo, es un reto social parea crear un mundo mejor. Que opino que si las muejeres tomaramos mas decisiones en politica tendriamos un mundo mas equilibrado y menos violento, debido a nuestra capacidad para solventar conflictos a traves del dialogo. 

Cuando termino de hablar vuelan los aplausos y Manoj me invita a seguirle montado en su scooter. Delante, Manoj y yo, detras algunas  bicis y decenas de motoristas nos acompanan en un paseo triunfal por el casco urbano. Siento que me voy a desmayar, pero esta vez de gloria.



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