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7 Abril. ¿Qué le Sucede a Warmshowers en Colombia? (de Cundinamarca a Tolima)

Fotos Marika Latsone
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Abandono La Mesa y su mayestática capilla de Santa Bárbara cuyas cúpulas observo con pesadumbre por última vez hasta que desaparezco montaña abajo. En el fondo sabes que puede que jamás pases otra vez por ahí, y eso te desgarra ligeramente el alma cuando un lugar o unas personas te atrapan. 

Inicio un vertiginoso descenso hacia Girardot, a sólo 300 metros sobre el nivel del mar. Estoy a unos 1500 metros, así que la mayor parte del trayecto es caída en picado, salvo por unas cuantas jodidas cuestas que no espero y que me como con un sol de injusticia. Gustavo, reportero dicharachero de la CNN que nos acompaña en la misión en Colombia desde hoy, no deja de sonreír. No se si intenta aparentar que todo va bien mientras la procesión transita por dentro. 

De nuevo, el paisaje se transforma a gran velocidad a medida que pierdo altura. De bosques húmedos, arroyos y lluvias intermitentes paso a selvas bajas y un calor extenuante a las nueve de la mañana. Atrás queda la lluvia y el frío, por desgracia. mi rendimiento es ahora muy inferior debido a la deshidratación y el abatimiento que produce el calor húmedo. Lucho contra la apatía y falta de fuerza de voluntad que este maldito clima me provoca (55% de humedad). Lo que daría por volver a pedalear en la montaña e incluso en Bogotá (aprox. 2500mt de altura), a pesar de su caos y su gran contaminación. La vida es más ligera cuando hace frío. 



Girardot es un pueblo como otro cualquiera de Colombia, sin barrios coloniales ni nada del otro mundo, pese a ser la segunda ciudad más importante del departamento de Cundinamarca, cuya capitalia la sostiene Bogotá

Al día siguiente ponemos rumbo a Ibagué, la capital de Tolima, colgada en la Cordillera Central de Los Andes. Como estamos a pocos metros sobre el nivel del mar, me caliento a fuego lento en las brasas del infierno tropical húmedo (38 grados centígrados).

Sigo la autopista Bogotá_Girardot, que está en muy buenas condiciones en comparación con la angosta y vetusta vía La Mesa_Girardot. La comodidad de los amplios arcenes contrarresta el sofoco y el terreno accidentado. Decidimos parar en Gualanday para refrescarnos y cuando estamos a punto de tirar la toalla por hoy y hacer el resto del tramo hasta Ibagué al día siguiente, nos llama un tal Camilo de la red Warmshowers con el que hace días nos habíamos puesto en contacto para alojarnos en su casa de Ibagué. 

Son las nueve de la mañana y me sorprende la llamada tan temprano. Al otro lado del aparato, un joven muy amable y risueño nos ofrece su casa en Ibagué para dormir hoy. Qué suerte tenemos. Inmediatamente descartamos dormir en Gualanday, donde no tenemos donde caernos muertas, y ponemos rumbo a la capital de Tolima pese a lo que nos espera. La tranquilidad de saber que tenemos un techo amable para pasar la noche nos puede y arriesgamos. 

Son las diez de la mañana y el viaje hasta Ibagué es un auténtico infierno. Pero resistimos. Gustavo no deja de sonreir y se me pasa por la cabeza que puede estar en shock. Casi morimos deshidratados pero llegamos a las dos de la tarde sanos y salvos. Hemos subido casi todo el trayecto a casi cuarenta grados y 60% de humedad. 



Llamamos al tal Camilo, que cuando nos telefoneó estaba saliendo de Bogotá en su propio vehículo con dirección a Ibagué, según su versión de los hechos. Nos responde como si no se acordara de nosotras, lo cual no me sorprende porque no hemos recibido ningún mensaje con su dirección postal, tal como nos ha prometido a las nueve de la mañana. Nos dice que aún está saliendo de Bogotá (son las dos y media de la tarde) y que está en medio de un atasco. Que no llegará a su domicilio hasta la noche. 

Estamos exhaustas, tenemos más hambre que el perro de un ciego, la piel se nos cae a tiras del sol y no sabemos a dónde ir. No podemos esperar tiradas en la calle tanto tiempo a alguien que no es serio y que no sabemos si va a recibirnos o no. La verdad es que ésta es una constante en Colombia en lo que se refiere a Warmshowers. No quiero decir que todo el mundo sea así, pero la seriedad y la formalidad brillan por su ausencia. Creo que muchos no han vivido una experiencia como ésta y no comprenden lo duro y tortuoso que puede llegar a ser viajar en bicicleta. 

No es la primera vez que nos dejan más tiradas que una colilla en el pavimento. Ésto no me había pasado en otros países. Espero que mi testimonio sea constructivo y sirva para que los Warmshowers colombianos que no se toman en serio esta labor se den de baja en la página web porque no sólo perjudican a los cicloturistas, también a los demás Warmshowers colombianos que se toman su labor de apoyo muy en serio, que también los he conocido y es digno de admiración. 



Fotos Marika Latsone
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