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10 de Marzo. Coyote Ugly.



Se me hace tarde y no llego a Newberry, area que alberga el ultimo camping hasta el Rio Colorado. A partir de ahi la unica compania que tendre sera mi sombra en el desierto durante tres dias.

Decido esconderme al otro lado de la via historica del tren historico que contruyo el Far West americano y que ahora me servira de parapeto contra intrusos.

 Busco un pequeno puente donde, a juzgar por el reducido tamano, solo podrian pasar motocicletas, otro filtro para la lista, y camino con Susan Sarandon (asi he bautizado a mi nueva bicicleta) por el basto desierto rojizo al caer la tarde. Busco una aulaga gigante y me oculto rapidamente detras, antes de que pase un tren errante.

Mejor si nadie me ve meterme en la boca del lobo. Me queda poco tiempo. En esta epoca del ano se hace de noche en un santiamen. A las seis de la tarde el sol se esconde detras de un resplandor de oro que provoca estallidos de colores a mi alrededor.



En un cuarto de hora monto la tienda y preparo el campamento.

Ya  no me da tiempo a cocinar algo y tampoco me atrevo a levantar fragancias apetitosas en aquel nido de coyotes. Contemplo la puesta de sol desde mi puerta de tela y me encierro con todas mis pertenencias, dejando la bici sobre la arena a merced de los amantes de lo ajeno, pues la otra opcion es ponerle el candado a una aulaga, que es como si no se lo pusiera.



No pego ojo porque siento animales desfilando junto a la tienda. Le mando mis coordenadas GPS a James que debe andar preocupadisimo en su casa de Beverlywoods. Le escribo que "todo va sobre ruedas y que no se preocupe". Soy una falsa. Me entra el panico una hora si y otra tambien y no suelto la lanza que he fabricado antes con el cuchillo de submarinismo y cinta americana. Me quedo dormida por momentos, pero me despierta el terror y el ensordecedor ruido del historico trenecito que no para en toda la noche. No se a que viene tanto ajetreo nocturno. Rezo para que se haga de dia pronto.

Cuando amanece cuento hasta tres y salgo como las locas de la tienda con la lanza en la mano, reviviendo un mitico momento Orzowey. Dentro de la claustrofobica tienda me he imaginado un exterior plagado de Coyotes aguardando mi salida de mi madriguera pacientemente, pero para mi sorpresa, el desierto sigue desierto. (Mas tarde me encuentro en pleno desierto el coyote de la foto... muerto ... no se debido a que causa.... tendra algo que  ver mi Angel de la Guarda?)




 La hermosa luz del amanecer me ciega por momentos. El cielo azul y la arena blanca me empujan a buscar el mar instintivamente con la mirada, pero no lo encuentro.  Alrededor de la tienda hay huellas de algo de cuatro patas nada pequenito. 

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